IA en el Fútbol: Mito vs. Realidad
El fútbol siempre ha innovado. ¿Por qué ahora nos asusta?
Cuando el primer entrenador utilizó un pizarrón para dibujar movimientos tácticos, alguien probablemente pensó que se estaba alejando de la esencia del juego. Cuando aparecieron las primeras cámaras para analizar partidos, hubo quien dijo que el fútbol se estaba deshumanizando. Hoy nadie concibe un cuerpo técnico profesional sin departamento de análisis de vídeo, sensores GPS o plataformas de datos.
La inteligencia artificial es, simplemente, el siguiente paso en esa evolución natural. Y como todo lo nuevo, genera ruido antes de generar comprensión.
Qué hace realmente la tecnología en un cuerpo técnico moderno
Hablemos con datos, no con titulares.
Un cuerpo técnico profesional en 2026 utiliza herramientas tecnológicas para:
- Análisis de vídeo: Plataformas como Hudl, Wyscout o InStat permiten diseccionar cientos de partidos en minutos, identificando patrones tácticos del rival, tendencias en saques de esquina o zonas de vulnerabilidad defensiva. Lo que antes llevaría días de trabajo manual se procesa en horas.
- Seguimiento físico: Sensores GPS integrados en los chalecos de entrenamiento miden la carga de trabajo, los metros recorridos a alta intensidad, las aceleraciones y desaceleraciones. Estos datos son fundamentales para prevenir lesiones y optimizar la preparación física.
- Scouting avanzado: Las bases de datos de rendimiento permiten filtrar jugadores por parámetros específicos. No para elegir fichajes automáticamente — eso sería absurdo — sino para reducir el universo de candidatos antes de que el ojo humano y el criterio deportivo tomen la decisión final.
- Comunicación y organización: Herramientas de traducción, planificación de viajes, coordinación de sesiones. La logística de un equipo profesional es enormemente compleja, especialmente en contextos internacionales donde se manejan varios idiomas.
La clave es sencilla: la tecnología informa, el entrenador decide.
El mito del entrenador que «delega» en la máquina
Existe un relato emergente que sugiere que utilizar herramientas digitales equivale a perder el control de las decisiones. Es un argumento que confunde la herramienta con el operador.
Un cirujano utiliza tecnología robótica para operar con mayor precisión. Nadie dice que «el robot operó al paciente». Un arquitecto utiliza software de diseño tridimensional. Nadie dice que «el ordenador diseñó el edificio».
¿Por qué con el fútbol aplicamos un criterio diferente?
La decisión de quién juega, en qué posición, con qué sistema táctico, cuándo hacer un cambio o cómo motivar a un jugador antes de un partido decisivo son decisiones profundamente humanas. Requieren experiencia, intuición, lectura emocional del vestuario y conocimiento acumulado de miles de horas de campo.
Ninguna herramienta sustituye eso. Ninguna.
Mi relación con la tecnología
He sido durante toda mi carrera un defensor de la innovación aplicada al fútbol. Fui uno de los primeros analistas de vídeo en el fútbol español a principios de los 2000, cuando el scouting digital era prácticamente inexistente en nuestro país. Hoy, esa función es indispensable en cualquier club profesional.
Utilizo tecnología porque creo que todo lo que me haga más eficiente en mi trabajo me permite dedicar más tiempo a lo que realmente importa: las personas. Cuanto menos tiempo gasto en logística y procesamiento de datos, más tiempo tengo para hablar con un jugador, preparar una charla o analizar un rival con profundidad.
La tecnología me da información. Yo le doy criterio.
El verdadero debate
El debate no debería ser si los entrenadores usamos tecnología — la respuesta es obvia: sí, todos — sino cómo la integramos con respeto al factor humano.
El fútbol es un deporte de personas. De emociones, de vestuarios, de liderazgo, de gestión de egos y de momentos de presión donde ningún algoritmo puede sustituir la mirada directa a los ojos de un jugador.
Pero negar la utilidad de las herramientas modernas no es defender la esencia del fútbol. Es defender el pasado por nostalgia.
Los entrenadores del futuro —y algunos del presente— seremos profesionales que combinan lo analítico con lo emocional, lo tecnológico con lo humano, el dato con la intuición. No porque una moda lo dicte, sino porque la complejidad del fútbol moderno lo exige.
Conclusión
La inteligencia artificial no entrena equipos. No da charlas en el vestuario. No mira a un jugador a los ojos para decirle que confía en él.
Pero sí puede ayudar a un cuerpo técnico a trabajar con más datos, más rapidez y más precisión.
Y eso, lejos de ser un problema, es una oportunidad para hacer mejor nuestro trabajo. Como siempre ha sido con cada innovación que el fútbol ha ido adoptando a lo largo de su historia.
El miedo a lo nuevo genera titulares. La comprensión de lo nuevo genera progreso.


